miércoles, 23 de noviembre de 2011

Echarse a volar


“Vivir con miedo es vivir a medias.”
Anónimo


Hace mucho tiempo un rey de Inglaterra, había recibido como obsequio un par de halcones, los cuales entregó a su adiestrador. Su deseo era que volaran con destreza alrededor de su palacio, mientras él los observaba tarde a tarde; sin embargo, pasaron los días y el rey sólo veía un halcón que emprendía el vuelo, revoloteaba en el aire, se lanzaba en picada velozmente y subía de nuevo a los cielos. Extrañado llamó al entrenador y le preguntó por qué veía siempre un solo halcón volando, a lo que éste respondió: “Mi rey, uno de los halcones vuela maravillosamente como usted lo ha podido observar, pero su hermano no ha querido dejar la rama. Por más que hemos intentado, cada vez que queremos obligarlo, se torna agresivo; consultamos con los veterinarios y no hay ningún problema en él, hablamos con las mentes más iluminadas del reino, y no han podido hacer nada”

El rey, entre molesto y frustrado, pensó que tal vez había que pensar en una solución simple y mando a llamar a un granjero. El granjero, un hombre tímido y retraído, ingreso al palacio, mostrándose avergonzado ante el rey, quien le preguntó si podía hacer algo por el halcón. El hombre pensando en una solución simple y sin prometer nada se dispuso a ayudar.

Al poco rato el rey se asomó a su ventana y vio con asombro a sus dos halcones volando, emocionado llamó al adiestrador a quien le preguntó que había hecho aquel hombre tan humilde, que no habían podido hacer sus hombres de confianza. El entrenador le contestó: “En verdad rey, estábamos tan emocionados viendo el resultado, que no nos dimos cuenta que hizo aquel hombre, solo vimos volar los dos halcones y aplaudimos de emoción.” El rey envió por ese hombre y le preguntó: “¿Qué hiciste?, ¿cómo lograste que el halcón volara?, ¿qué magia utilizaste?”, a lo que el hombre respondió: “Majestad, en realidad no hubo ninguna magia, no fue tampoco algo difícil, solo fui hasta donde estaba al halcón y corté la rama, y cuando el halcón se dio cuenta que tenía alas, simplemente se echó a volar”.

Esa rama, en la que se aferraba el halcón, es el miedo. El miedo nos impide desprendernos de nuestras limitaciones, y nos frena todo nuestro potencial. El miedo es una de las emociones que tal vez todo ser humano ha experimentado, pero saber cómo enfrentarlo es en realidad lo más importante.
Durante toda la existencia sentimos miedo; miedo a ciertos animales, miedo a hablar en público, miedo al fracaso o a la derrota, miedo a la soledad, miedo a triunfar; manifestado en el deseo inconsciente de evadir nuestras responsabilidades, miedo a equivocarse; desconfiando de nuestro propio juicio, miedo a causar daño, queriendo evitar el sufrimiento del otro, aún en contra de nuestro beneficio e incluso miedo a tener miedo, lo que nos hace evitar los sentimientos, para no afectar la imagen que se proyecta a los demás.

El miedo tiene consecuencias negativas en nuestra vida; una de la que más nos afecta es la disposición a la postergación. El miedo nos lleva a aplazar acciones, que deben ser realizadas en cierto momento, surgiendo interrogantes sobre qué puede pasar si se falla. El miedo, además, puede generar alteraciones mentales, que afectan nuestra capacidad para discernir y tomar decisiones.

Entender y aceptar el miedo es una buena estrategia para superarlo. Hay que identificar y trabajar sus causas, evitar declaraciones como: “que suerte tan mala la mía”, “esa persona no aceptará mi propuesta”. Esas expresiones son un excelente caldo de cultivo para el miedo, y nos conducirán a él.

La solución a nuestros miedos reside en nosotros mismos; entender y enfrentar, vivir el presente, meditar, adquirir conocimiento espiritual y reprogramarnos permanente y sistemáticamente con afirmaciones positivas, son grandes herramientas para superarlos.

Tomado del libro "Un buen Final, Un Gran Comienzo" Pag 43

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